Es habitual sentir rabia, culpa, miedo o confusión. Busca apoyo profesional y evita descargar esas emociones delante del menor. Mantén rutinas previsibles, escucha sin presionar y respeta sus tiempos. No conviertas cada momento cotidiano en una conversación sobre los hechos.
Coordina con el centro educativo únicamente la información necesaria para proteger y acompañar. Limita el número de personas que conocen detalles y evita etiquetar al menor por lo sucedido.
El acompañamiento psicológico especializado no busca obtener pruebas, sino ofrecer seguridad y herramientas de recuperación. Las familias también pueden necesitar espacios propios de apoyo para sostener el proceso a medio y largo plazo.